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Salud

Hipertensión: qué es en realidad y por qué tantos casos pasan desapercibidos

6 min de lectura

Uno de cada tres adultos en el mundo vive con hipertensión. En América Latina y el Caribe, la cifra es aún más alta y se ubica en 35.4%…

Escrito por Ariana Briceño

Uno de cada tres adultos en el mundo vive con hipertensión. En América Latina y el Caribe, la cifra es aún más alta y se ubica en 35.4% de los adultos de 30 a 79 años, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El dato que debería preocupar más que el anterior es este otro. De las personas con hipertensión, 37% no sabe que la tiene, 15% de quienes sí lo saben no recibe tratamiento, y casi la mitad de quienes sí se tratan (47%) no logra controlar su presión. Dicho de otra forma, la hipertensión no es solo una enfermedad frecuente, es una enfermedad que se nos escapa de las manos incluso cuando ya la detectamos.

Esta nota se enfoca en entender la enfermedad, explicar qué es, qué tipos existen, por qué es tan fácil que pase inadvertida y qué puede estar causándola más allá del estilo de vida. 

¿Qué es exactamente la hipertensión?

La presión arterial es la fuerza con la que la sangre empuja contra las paredes de las arterias. Cuando esa fuerza se mantiene consistentemente demasiado alta, hablamos de hipertensión. Con el tiempo, esa presión extra desgasta y rigidiza las arterias, obliga al corazón a trabajar más de lo debido y termina dañando órganos que dependen de un flujo sanguíneo estable: el cerebro, los riñones, los ojos.

Las categorías vigentes, según la American Heart Association, son:

Dos tipos de hipertensión (y uno que casi nadie investiga)

Hipertensión primaria (o esencial)

Es la más común —representa la gran mayoría de los casos— y se desarrolla lentamente, a lo largo de años, por la combinación de varios factores como predisposición genética, edad, dieta alta en sodio, sedentarismo, obesidad y consumo de alcohol. No tiene una causa única identificable; es el resultado acumulado de cómo vivimos.

Hipertensión secundaria

Aparece más rápido, suele alcanzar cifras más altas y tiene una causa médica concreta detrás como enfermedad renal, apnea obstructiva del sueño, problemas de tiroides, ciertos medicamentos o trastornos de las glándulas suprarrenales. Es clave sospecharla cuando la hipertensión aparece antes de los 30 años, empeora de forma brusca, o no responde bien a tres o más medicamentos.

La causa oculta que la medicina está redescubriendo: el aldosteronismo primario

Aquí hay un dato que rara vez aparece en artículos generales sobre hipertensión, y que en los últimos años ha cambiado la forma en que la cardiología y la endocrinología entienden el problema.  El aldosteronismo primario —una producción excesiva de aldosterona por las glándulas suprarrenales, que hace que el cuerpo retenga sodio y pierda potasio— se consideraba raro. Estudios recientes muestran que no lo es. Se estima que está presente en 5-10% de todas las personas con hipertensión, y hasta en 20% de quienes tienen hipertensión resistente (la que no responde a tres o más medicamentos). 

En un estudio de referencia, la prevalencia llegó a 21.6% en hipertensión etapa 2 no tratada y a más de 50% en pacientes con hipertensión resistente y renina suprimida en sus análisis de sangre. El problema es que casi nadie lo busca y se diagnostica con un análisis de sangre específico (relación aldosterona-renina) que muy pocas veces se pide de rutina. Vale la pena mencionarlo al médico, especialmente si la presión es difícil de controlar o viene acompañada de niveles bajos de potasio.

El problema de diagnosticarla bien

Tomarse la presión suena simple, pero hay dos trampas frecuentes que pueden llevar a un diagnóstico equivocado:

  • Hipertensión de «bata blanca»: la presión sale alta en el consultorio médico —por el estrés propio de la situación— pero es normal en la vida diaria.
  • Hipertensión enmascarada: exactamente lo contrario, y la más peligrosa de las dos porque pasa desapercibida: la presión es normal en el consultorio, pero está elevada en casa, el trabajo o durante el sueño. 

Por esta razón, ni la guía estadounidense ni la mayoría de las sociedades de cardiología recomiendan ya diagnosticar con una sola lectura en consultorio. Se necesitan varias mediciones, y cada vez se le da más peso al monitoreo en casa con un tensiómetro validado, tomando la presión en reposo, dos veces al día, durante varios días.

Por qué es una enfermedad «silenciosa» (y cuándo deja de serlo)

La mayoría de las personas con hipertensión no siente absolutamente nada durante años; por eso se le sigue llamando «el asesino silencioso». 

La excepción es la crisis hipertensiva, una urgencia médica que sí da señales de alarma: dolor de cabeza intenso, náuseas, alteraciones de la visión, dolor en el pecho o la espalda, y dificultad para respirar. Ante estos síntomas junto con una lectura de presión muy alta, se debe buscar atención médica inmediata.

Las complicaciones van más allá del corazón

Cuando no se trata, la hipertensión no solo eleva el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular, también puede derivar en insuficiencia renal, pérdida de visión y disfunción sexual. Un hallazgo relevante y relativamente reciente es su relación con el deterioro cognitivo. 

En el ensayo clínico SPRINT MIND, llevar la presión sistólica por debajo de 120 mmHg (en vez de la meta estándar de 140 mmHg) redujo en 19% el riesgo de deterioro cognitivo leve, comparado con el tratamiento estándar, aunque el efecto sobre la demencia diagnosticada por sí sola no alcanzó significancia estadística de forma aislada. Es una de las razones por las que las guías más recientes insisten en metas de presión más estrictas, no solo por el corazón, sino por el cerebro a largo plazo.

Durante el embarazo, la hipertensión tiene consideraciones propias, porque aumenta el riesgo de preeclampsia, de bajo peso al nacer y de complicaciones que requieren manejo especializado, por lo que el control prenatal regular es clave.

Cómo se trata

El tratamiento combina, casi siempre, dos frentes:

  • Hábitos de vida —dieta, sodio, actividad física, peso, alcohol y manejo del estrés—, que cubrimos en profundidad en nuestra nota de remedios caseros.
  • Medicamentos, cuando los hábitos no bastan o el riesgo cardiovascular ya es alto: diuréticos, inhibidores de la ECA, bloqueadores de los receptores de angiotensina II (ARA), bloqueadores de los canales de calcio y betabloqueantes son las familias más usadas, y frecuentemente se combinan dos de ellas desde el inicio en hipertensión etapa 2, según la guía 2025 de la American Heart Association y el American College of Cardiology.

Cuál combinación usar, y cuándo, es una decisión médica individual que depende de la causa, otras condiciones de salud y cómo responde cada persona.

Preguntas frecuentes

¿La hipertensión se cura? En general no se «cura» en el sentido de desaparecer para siempre, salvo cuando es secundaria y se resuelve la causa de fondo (por ejemplo, tratar un problema de tiroides o de las suprarrenales). La hipertensión primaria se controla, no se elimina, y requiere seguimiento de por vida.

¿Puedo tener la presión alta sin saberlo? Sí, y es justamente lo más común. Cerca de 4 de cada 10 personas con hipertensión en la región no lo saben. La única forma de estar seguro es medirse la presión, no esperar a sentir síntomas.

Si mi presión sale alta en el consultorio pero normal en casa, ¿debo preocuparme? Vale la pena investigarlo con tu médico. Puede ser hipertensión de bata blanca (menos preocupante) o revelar que necesitas mejor monitoreo en casa para descartar el escenario opuesto, la hipertensión enmascarada.

En resumen

La hipertensión es mucho más que «una cifra alta en el brazalete». Tiene tipos distintos, causas que van desde el estilo de vida hasta trastornos hormonales poco investigados, y formas de pasar desapercibida incluso para quien se la mide en el consultorio. Diagnosticarla bien —con mediciones repetidas, idealmente también en casa— y no conformarse con «ya estoy medicado» cuando la presión sigue sin controlarse, es tan importante como cualquier cambio de hábito.


Nota: este contenido tiene fines informativos y no sustituye una consulta médica.


Este contenido es informativo y no sustituye la consulta con un profesional de la salud.